Ignacio Martínez Menéndez en Soberron haciendo cestos. 2018

CX. Ignacio Martínez Menéndez nació en 1953 en Llonín, un pueblo situado en el oriente de Asturias, casi en el límite con la provincia de Cantabria. Era el primero de una familia de ocho hermanos, cuyo padre, Ramón Martínez, compaginaba las tareas de campo -junto a su mujer Josefina- con los trabajos de cantería, aunque su gran afición eran los cestos.

Después de atender al ganado, por la tarde-noche se dedicaba a la elaboración de cestos artesanos, todo ello dentro del esfuerzo que suponía sacar adelante a sus ocho hijos, pues la afición conllevaba mucho trabajo y el tiempo que no tenía.

Los cestos se hacen con palos de avellanos jóvenes, cortados en (luna) menguante; más tarde se tuestan al fuego para separar después el palo en láminas muy finas o costillos, afinándolos en un banco de madera con una rasera. Los costillos constituyen el elemento principal en la elaboración de todo tipo de cestos.

Ignacio, siendo todavía un crío, tenía que ayudar con las ovejas y las vacas de casa, subiendo a la Sierra de Cuera, donde tenían una cabaña. Como el pastoreo apenas daba para vivir, con dieciséis años tuvo que irse a Madrid en busca de una vida mejor, donde se casó y tuvo a sus dos hijos. Allí se dedicó a la construcción, primero como peón, después como oficial y, finalmente, montando su propia empresa.

Con casi cincuenta años, sus hijos ya emancipados, y a consecuencia de un cáncer de garganta, hubo de interrumpir el modo de vida, viéndose obligado a jubilarse. Dejando Madrid atrás, se mudó a un pueblo cerca de Llanes, llamado Soberrón. Allí, después de un tiempo y dando muchas vueltas a la cabeza, decidió emplear su tiempo en la gran afición de su padre, ser cestero. Él tenía el recuerdo del padre trabajando la madera y empezó a partir de él, poco a poco, aprendiendo de sus propios errores y sin nadie que le enseñara, aprendiendo en el propio ejercicio de sus técnicas.

“Comenzó todo como una afición, pero con el tiempo se volvió su nuevo trabajo. Cada vez que tenía un hueco libre, se iba a aquella pequeña cabaña donde el mismo dispuso todo lo necesario para poder hacer sus cestos, como un horno. Un día, decidió participar en un mercado tradicional (el Mercado de Porrúa) para venderlos, y aquello tuvo un buen recibimiento. Además de ganar algo de dinero, hacia aquello que le gustaba y podía hablar con muchas personas, otra de las cosas que más le gustaban. En los marcados, además de poner su puesto, elabora los cestos en vivo para que así la gente pudiera verlo, y les enseñaba a hacerlos. Por lo que cada vez que tenía la oportunidad de ir a un mercado iba”. (Comunicación de Lumi, su mujer).

.

Gracias a los mercados, en los que participaba a menudo, se dio a conocer en la zona del Oriente de Asturias, etiquetando su nueva vocación bajo el nombre de “El Cesteru de Soberrón”. Ya no solo vendía en los mercados: mucha gente le llamaba en busca de sus cestos, bien para la ropa sucia, como para colocar la fruta o para una lámpara en el salón. Así, pasó la última etapa de su vida como realmente deseaba: estando con su familia, sus amigos y su gran afición, los cestos; fueron «sus mejores años», como él los consideraba.

“Al principio, como sus cestos no estaban muy allá, nos los regalaba a la familia. Cuando empezó a mejorar la técnica, ya tuvimos que pagarlos”, nos cuenta su madre como anécdota.

_________________

Fuentes orales.

  • Martín De La Piedra Iluminada. Mujer de Ignacio Martínez.
  • Menéndez, María Josefa. Madre de Ignacio Martínez y mujer de Ramón Martínez.
  • Martínez Menendez María Dolores. Hermana de ignacio Martínez.
  • Martínez Menendez Lorena, sobrina de Ignacio Martínez.