Redacción.

El apfelwein es el nombre que en Alemania lleva la sidra, una bebida que se conoce allí desde el siglo XVII al menos, pero que se popularizó a lo largo del XIX por la epidemia de filoxera que asoló los viñedos.

En alguna de las regiones alemanas es la bebida popular por excelencia, como es el caso de Fráncfort del Meno, generalmente conocida como Fráncfort. En la metrópoli alemana, caracterizada por sus rascacielos, existen tabernas tradicionales que comercializan sidra de producción propia, como lo acreditan los carteles con un pequeño árbol que cuelgan en el exterior de las Apfelwein-Wirtschaften.

La sidra alemana es más clara que la asturiana, tiene un sabor un tanto amargo y además es un poco turbia. Es tradicional tomarla en vasos de 0,3 litros, en los que se sirve desde un bembel (jarra de cerámica tradicional) de 4 litros o más. También es habitual tomarla mezclada con limonada o gaseosa.

Es curioso el origen histórico de la superficie acanalada que tienen los vasos. El corte en aristas de su superficie estaba  destinado a facilitar la sujeción del cristal entre los dedos, habitualmente grasientos en épocas más toscas de su gastronomía.